jueves, 1 de septiembre de 2016


La luz no se entromete aquí, podría rajarse la negrura con un corte, pero no hay resquicio en esta oscuridad. Se adapta a lo que sea que penetre en ella, lo abraza rodeándolo hasta el máximo contacto. No hay espacio entre las moléculas de lo oscuro y tú. Tú o cualquier otro volumen.

Es una cueva.

Es sencilla e, incluso, agradable y acogedora. Si no se quiere estar mucho tiempo.

Sus escasas florituras y adornos son imposibles de ver, lógicamente. Negro sobre negro. Es un refugio cómodo, hasta que uno lo siente: hay que marcharse.


El ambiente se torna tirante y asfixia. Se volverá pegajoso si te mueves. Pero tranquilo o irás hundiéndote. Solo bracea con calma abriéndote paso. Tantea hasta atisbar la salida.

Franquéala y recupera la respiración.

Hay en mí una oscuridad muy parecida a la de todos los demás. Basta con introducirse y comprobarlo.

Un rato y te vas.


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