domingo, 18 de septiembre de 2011

Tarde o temprano



Conduzco con las ideas nítidas, tengo muy claro que no sé a dónde voy, pero me alejo de donde no quiero estar, por eso no levanto el pie del acelerador. De hecho he conseguido una posición fija de mi pie derecho, voy constante e invariablemente hacia algún destino y la noche no pesa sobre mis párpados.
Sé lo que es parecer, llevo demasiado en ese agujero oscuro, nada es divertido cuando no puedes elegirlo. Ni siquiera elijo las palabras, sino que selecciono las sobrantes que la vergüenza escupe en un rincón para mí. He aprendido a sacarle jugo, nadie me ha preguntado si me gusta pero si no roigo moriría de hambre. Y eso, no puedo permitirlo. Somos iguales en la oscuridad, pero puedes distinguirme por lo agitado de mi respiración, mi cuello sufre de vértebras hiperactivas, pero es acogedor, husmea lo que quieras, ya no me importa.
Verás que tras mis elefantes rosas viene una legión de estrictos domadores, pero si quieres podemos darles la espalda y hacer como si nada.
Como si nada hubiera entre carreteras, como si los caminos nada conectasen y fueran el todo.
Si podemos, no tendremos que preocuparnos más que por alternarnos al timón.

Aún así, todavía dependeremos de las gasolineras.