martes, 28 de diciembre de 2010

Knightmare


Soy un caballero, la verdad, enlazo comadrejas en mi lanza y las aso cuando los árboles se van a dormir. Ando por las praderas de alquitrán, preguntándome de qué estarán hechos los órganos de los déspotas. Cuando llego a casa, merezco un premio. Este mismo me vale, el bronce es muy comprensivo.

Y me deshago de la armadura de frágil personalidad que está ya muy mellada y que ha perdido el hilo de lo que estabamos hablando aquí.
Sonríe al espejo energúmeno, te esfumaras como un fenómeno atmosférico.
Tengo una ristra de cojones como corbata, no hay término medio, campan a sus anchas por mi pecho.

Pero soy un caballero y soy el séptimo, el que siempre llega a última hora a inmolarse, lanzando ecuaciones lógicas a la marea embravecida. Si quieres que algo se haga has de hacerlo tú mismo.
No lleno esta camisa, las corrientes de la Nebulosa del Águila no le permiten posarse, un torso destinado a deambular en busca de tierras hóspitas. Este barco no atraca en cualquier puerto. Le atracan en cualquier puerto, en cualquier susto, hay que joderse, pese a quien pese, al final, que vivan los muertos de gusto.

Pero soy un gentleman, un géntil hombre, una mole de escombros, algo así como La Cosa, y todo el mundo sabe que así son las cosas. Están los que suben irremediables escaleras inimaginables y que no saben lo que es un descansillo.
Es un gozo utópico sentirse como en casa en cuanto pasas un umbral, yo me pasé de la raya y tengo un ciego longevo en lo alto. Se me atiborra de botox el cuero de los bajos fondos cuando lo pienso.
Mais moi, monsieur de los affaires not fair, no te sulfures, deja que supure, that's for sure...¡y estira esa barba! pon a prueba sus raíces, que alguien ha echado la llave, par de vueltas incluidas, a tu vista de ojo de cerradura.

Así que aprieta el premio, desliga los aprietos y, aprisa, yo soy el sastre de sonrisas. Busco costurera para tejer algo caliente, a prueba de inviernos. Voy a tomarte las medidas mientras haces ganchillo por mis uniones.

Bienvenido al infierno, vas a pasarlo de miedo, vaquero. Cálzate el sombrero más allá de la línea discontinua de los ojos y ve a coger este toro por los cuernos.