domingo, 19 de septiembre de 2010

Psicosomático


Hace tiempo que vengo exhibiendo ante los demás una sonrisa sardónica , incluso en los momentos más provocadores. No tengo otra, ni más, ni secretos. Me duelen los abdominales en la privacidad de mis paredes, donde sí que me doblega la risa. Es pura histeria, el sonido más mitológico que puedas imaginarte. Un láser lacerante. Es la blanda y venosa realidad: engullo las yemas de los huevos duros pensando que trago las yemas de mis globos oculares. Imaginando que, tal vez, el hueco resultante chupe toda la realidad circundante como el sumidero de la ducha por el que huye la piel muerta que desprendo. Pregúntale al sorprendido desagüe, te repetirá que es agua pasada. No hay de qué preocuparse, esta sardónica sonrisa es incombustible como las gafas de sol de un bluesero de poca monta. Relajará sus conciencias con promesas reproducidas tanto como sea necesario.
Y seguiré mi periplo como un señor Humbert Humbert que añadió una ene sobrante a su nínfula. Una pistola en el bolsillo trasero de mi chaqueta de pana, y el mejor despliegue de mi dentadura para cegar miradas caprichosas.

No basta con escribirlo.

-----------------------------------------------------