lunes, 23 de agosto de 2010

Dazed and confused






Hurgando en las llagas, el bueno de Mike encontró una vieja novedad.
Como entonces, siguió hurgando y hurgando para ver si había alguna explicación,
pero una vez más halló únicamente vísceras dinamitadas y tejidos sacrificados,
en nombre del ídolo sin rostro que mira al bueno de Mike detrás de cada esquina.

Los pájaros que llenaban nuestra conversación en el cassette están muertos. No he notado cómo se secaban las plantas de mi ventana. Nunca decidí dejarme la barba. Mi flequillo se ha rizado sin previo aviso. Se me ha desencajado la mandíbula y mis dientes dejan otra huella, muerden distinto.

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domingo, 15 de agosto de 2010

"El periódico de mañana"


Miquel vagaba por los senderos de su mente. Estudiando recovecos y caminos, anteriormente sin salida, que han visto dinamitados sus arcenes. Un vasto espacio se presenta vírgen para horadarlo, no debo olvidar el insecticida (pensó para sus entrañas).

Durante estas cavilaciones, el cuerpo de Miquel se masturbaba sin descanso, cada poro sin peros es un puro incandescente. Condescendiente con su entorno, indisciplinado en el ejercicio de sus deberes y quehaceres craneales, Miquel se abandonaba a la propia admiración de su naturaleza, horrorizado..."Keep breathing, don't lose your nerve"..."Yesterday, we were one"...

Ducha fría, congela los pensamientos, guárdalos para tiempos invernales cuando dejarán de estar fuera de contexto. "Ahora que he matado la tierra fértil de mi cerebro voy a ensuciar su atmósfera rellena de guindillas".

Un canuto de los pelos que recopila su recogedor. Nube de polvo volcánico expulsa su cráter.

Y si esto es el cielo, no le da miedo el infierno. Eso dicen sus manos gastadas, sus tobillos sudorosos, su respiración agitada, sus pies que le llevan ahora mismo a las calles. Va a ponerse una chaqueta caliente que cubra las ampollas cauterizadas al Sol, y que manden las vibraciones en las suelas de sus botines.

Ha ganado un poco de peso desde que se alimenta de risas de lata caducada. Ha vuelto a escupir, como la década pasada, escupe en la carretera, en su casa, en la biblioteca, en el trabajo, escupe en su propia piel. Su pene es un sin techo y escupe a las estrellas.


Polvo blanco somos y al polvo blanco volvemos.

Somos polvo cósmico con autonomía de vuelo.

Criaturas responsables de cada pisada en el suelo.

Polvo blanco en una noche de duelo.


La boca de Miquel reta a que le metan más de lo que pueda masticar, apretando los dientes extraerá todas las astillas envenenadas de curare. Su cuerpo tatuado de puntos de mira de tinta roja es lienzo para las manos más diestras. Miquel sabe cómo hacer que parezca un accidente.

No desvíen la mirada del semáforo, en cualquier momento se pondrá en verde y la Tierra será un lugar transitable balanceado agradablemente por las corrientes de viento blanco.


Miquel finiquita su tarrina de helado de dos sabores y guarda la cucharilla. Asciende su capucha y la deposita estudiadamente sobre su cabeza, enseguida empiezan los compases de un esmerado pentagrama (...)

Corridos los toldos de su mirada, esta apunta hacia las formas geométricas del cemento..." y tú, tonto, tonto, tonto, otro más de la manada".


Miquel se hace fotografías sin sonrisas poniendo su cara en el cuerpo de todos. Sólo son cartón. Ahora, cartón de mi canuto.

Y fumo

y fu moh

y fmo

y fmuo

y fumo

fffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff

fffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff


Miquel sube al columpio más alto para asegurarse.
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jueves, 12 de agosto de 2010

Pas de deux



Michel vagaba por un pabellón semiabandonado. Los restos de una antigua exposición cósmica eran su techo y sus paredes, pero él no lo sabía, pues apenas llegaba a vislumbrar el suelo que pisaba, tal era la oscuridad que le agobiaba en ese momento. Su única guía era una pequeña bombilla intermitente y camaleónica. A su luz, los objetos se le aparecían a Michel con una significancia insospechada para los millones de personas que los contemplaron, cuando la desaparecida exposición aún vivía.
Un grandioso crujido seco (como si un coloso hubiese usado su rodilla para quebrar un árbol en algún sótano del lugar) aceleró el, ya de por sí, veloz corazón de Michel. Pensó para sí que ya no podía dejar de llegar a lo hondo de las cosas y respiró a fondo, muy a fondo, para serenarse y continuar su inmersión en las profundidades de aquel abismo de acero y madera.
Avanzaba muy lentamente, sobrecogido por las dimensiones del vientre putrefacto del monstruo sobre el que se deslizaba. Restos digestivos se acumulaban inservibles desde hacía ya casi dos décadas, pero no escapaban a la mirada curiosa de Michel, quien imaginaba historias para cada uno a medida que se tropezaba con ellos.
Acababa de llegar a una escalera sin destino cuando le pareció distinguir fugazmente un resplandor azulado...............no fue capaz de identificarlo y no quiso detenerse más de la cuenta, pues había descubierto lo que parecía ser una pasarela colgante. Comenzó a descender, Michel se preguntaba si hacia las divisiones del infierno. Aquello no podía ser más incierto e incapaz de soportar tanta desmesura se detuvo en mitad de la pasarela, siendo apenas el único punto de luz en lo que a Michel se le antojaba como el centro mismo del negro Universo.
Flotaba en la nada, expuesto a todo.
Desbordado, casi se desmaya cuando su corazón dio 7 vuelcos y medio, ahora estaba seguro: un débil tintineo luminoso le había hecho cosquillas en la retina y por poco cae al inframundo (,) de la sorpresa.
Con todo el cuidado que podía permitirse, su cuerpo le llevó a toda prisa pasarela abajo y le disfrazó de sombra inerte. En esta tesitura aguzó el oído y alcanzó a captar, no sólo la luz de antes, sino también un leve balanceo de llaves. Pensó en el guarda de seguridad reteniéndole hasta que llegase la policía, se vería obligado a dejar de buscar escondrijos y pasaría a estar al desamparo de la sociedad una vez más. No pudo contener unos fuertes espasmos en las rodillas que hizo rebotar sus pies y alzó motas de polvo y sonido...Fuuuuuuuh.
La luz se detuvo, las llaves cesaron, por unos segundos eternos. Se desperezaron murmullos apenas audibles, el extraño parecía haberse desdoblado en un par de semejantes. Michel, en un impulso de atrevimiento impropio de su pasividad, se asomó a la cornisa que le protegía para ver qué demonios ocurrían en el piso superior. Fue entonces cuando extraño y Michel se miraron a los ojos, o dónde pensaban que se encontraba la mirada de cada uno en medio del manto lúgubre suspendido sobre sus cabezas. Michel vio una silueta que, si bien se sobresaltó al primer vistazo, enseguida relajó los hombros y dirigió hacia él una esfera rutilante de color naranja. Michel leyó en los ojos imaginados que el extraño no le delataría así que bajó la cabeza y retrocedió entre las sombras. Comprendió que allí tampoco estaría a gusto y se arrastró por el pasadizo hacia el agujero por el que había entrado.
Justo antes de salir miró hacia atrás y vio dos figuras cogidas de la mano, violando la negrura, dirigiéndose hacia la pasarela colgante.
Dejó el pabellón entre susurros excitados, corrió entre focos y saltó vallas, hasta llegar a un clarooscuro donde tendió la mano a un árbol y se cobijó en su regazo.

Mañana sería otra noche.
Esta no era suya.
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