jueves, 22 de abril de 2010

Cat-aclismo, cat-áfora, cat-alepsia, cat-alizador, cat-apulta


Un millón de moscas zumban en su interior. El sonido de sus golpes contra la piel es atronador, pero todo queda en casa. Es una demolición ensordecedora que no deja escuchar ni los latidos de su corazón, pobre mariposa desorientada entre los millones de alitas de mosca...

Tose y libera a la mariposa. Sigue andando. Se detiene y se lo piensa dos veces. Vuelve sobre sus pasos. Tarde. Un perro está lamiendo la mariposa para después engullirla. El gato tuerto del fondo lo observa todo desde donde solían estar los setos, ahora hay una caja de cartón aplastada, húmeda. Está encogido. Observa las cosas así para no morir congelado. Su plumaje está estalactitado. Este gato puede tener plumaje. Gracias a ello le vigila allá donde vaya. Si sintieran su mirada una sola vez se subirían a su noria de pensamiento para no bajarse nunca más. Una sola basta. Este gato sabe lo que se cuece en todo el barrio, no sé de lo que sería capaz si tuviese ambos ojos sanos. Cruz del gato callejero, se lame las heridas. Por eso los gatos domésticos le parecen unos relamidos. No comprenden lo comprensible, no hay nada excepcional en hacerlo, es extraordinario porque no es común y eso es lo más triste que puede pasar, piensa el gato. Piensa él mientras mira al gato. Un par de moscas exploradoras salen de sus orejas y van a frotarse las patas sobre el ojo inválido del felino. No sabe donde acaba él y empieza el gato, pero una vez más deja la cuestión para otro momento y, liquidada la mariposa, sigue su camino negando todas las respuestas.